Escena de Una cabellera celeste que brilla en el espacio, unipersonal de Carla Pantanali Sandrini. Foto

©Dany Torta.

Alberto ‘Lito’ Castro junta basura y se preocupa por el destino de las pilas usadas. Paola Lorena cuenta y canta las formas en que el mercado vende (‘Todo puede ser mejor, si sabemos dar, lo que llevamos dentro…’). Una periodista informa sobre desastres, y sobre floreros y números que se rompen. Y una poeta, una actriz, trata de aceptar su condición humana, de encontrar un lugar en el medio de este espiral.

Los personajes son los protagonistas de Una cabellera celeste que brilla en el espacio, un unipersonal escrito, dirigido y actuado por la joven Carla Pantanali Sandrini al que tuve el placer de asistir la semana pasada.

Por mis años de experiencia con lo ambiental y por la falta de responsabilidad que veo en muchos medios y programas culturales al abordar estos temas, cuando me presentan un proyecto o me invitan a ver una obra sobre ecología, me cuesta no prejuzgar. Es muy fácil caer en lo superficial y que el esfuerzo parezca plástico, algo no innecesario sino inútil.

Vi en esta pequeña producción teatral lo contrario. En el monólogo de cada uno de los personajes, que se van sucediendo con un aumento de la tensión, se nota un vínculo casi obsesivo con los asuntos que se tocan. Obsesión que cualquiera que tenga una relación comprometida con su consciencia ambiental puede ver en sí mismo, una consecuencia casi inevitable que viene de aprender y entender estos problemas.

“En algún momento mis inquietudes ecológicas se volvieron fatales: no había vuelta atrás. Empecé a ver la magnitud de lo que había que cambiar y experimenté cierta desesperación, que se combinó con la necesidad de crear mi propio espectáculo en una sola cosa”, cuenta la actriz. El proceso fue sacar toda esa ansiedad en lo que describe como “una masa informe”, de la que fueron apareciendo voces con un lenguaje común, los personajes.

Escena de Una cabellera celeste que brilla en el espacio, unipersonal de Carla Pantanali Sandrini. Foto

©Dany Torta.

Una ‘caricatura poético-dramática’ es como Pantanali describe a la pieza final: “La obra encara temas ecológicos y existenciales (que, para mí, van de la mano) y creo que es un logro artístico haber conjugado ambas cosas, porque que no hay forma más potente de hacer llegar un mensaje”. El fin es originar un vínculo con la temática en personas que no se lo han planteado aún, pero, como espectadora más empapada de todo esto, sentí también al unipersonal como un observar en uno mismo diferentes estadíos que terminan en una especie de suspiro.

¿Resignación? “Ninguno de los personajes pasa por la resignación”, responde Pantanali. “Resignarse es abandonar, a menos que se tome el verbo como ‘aceptar’. En ese caso, me parece bien desesperarse primero, aceptar las cosas como son después, y, por último, tomar impulso para modificar nuestros hábitos, que son los que en conjunto, crean la realidad”.

La obra fue para la actriz una modificación de sus hábitos alimenticios, de consumo, un repensar la relación con el lugar que ocupa en el ecosistema. De la misma forma, actúa como un momento de movimiento para el espectador. Porque, desde mi experiencia, es sólo desde la resignación (desde la aceptación) que se puede actuar.

Una cabellera celeste que brilla en el espacio tendrá sus últimas dos funciones de esta temporada los próximos dos sábados (18 y 25 de agosto) en la Sala Querida Elena (Pi y Margall 1124, La Boca -a una cuadra del Parque Lezama-). La entrada sale $40.

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