Banco en el jardín de Querida Elena. Foto

©BA Inspiration.

Me encuentro yendo al sur cada vez más, apreciando lo que queda de él antes de que se termine de aburguesar con la llegada definitiva de la revitalización que impulsa el gobierno.

Uno de mis descubrimientos recientes por esas tierras fue Querida Elena, un espacio híbrido entre sala de teatro y casona criolla cuyo entorno suma a la experiencia de cualquiera de los espectáculos que se vaya a ver.

Ya desde la entrada llaman a mirar el plano dentro de una caja en el hall de recepción, los muebles antiguos y luces de colores de una sala de espera, las esculturas con objetos y materiales reciclados y, más que los anteriores, un pasillo que termina en un jardín casi salvaje.

“Sencillas artes” es la bajada que eligen para su nombre, y un texto que abre su sitio web completa la idea de sus intenciones:

“Nos comprometemos a dar vida por un solo instante, no nos importan los seres de aliento prolongado. Nuestras creaciones no serán protagonistas de romances, sus papeles serán breves, lapidarios. Nosotros amaremos el chirriar, la resistencia, la deformidad misteriosa. Ese es nuestro deseo y así será el mundo creado a nuestra imagen y semejanza. Somos creadores en nuestra esfera inferior”. Bruno Schultz, 1934.

Si bien vi solo una obra en esta sala, el espíritu de la misma encajó perfectamente con esta descripción. De hecho, este sábado se realiza la última función de ella, Una cabellera celeste que brilla en el espacio, que recomiendo a todos.

Querida Elena queda en Pi y Margall 1124, La Boca (a una cuadra del Parque Lezama). Pueden seguir la agenda de estrenos por su blog o página social.

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