Postal de Buenos Aires del comercio Costumbres Argentinas. Foto

Estuve más de cuatro semanas editando un post sobre Lima, pero entendí sólo este domingo que la traba mental venía por otro lado. Después de andar por la calle de una ciudad mirando la cordillera o el Océano Pacífico, es duro amigarse con la pampa. Pero siempre están las miradas de los otros, especialmente los ojos de turista, para encontrar el destello en lo opaco.

Hubo tres áreas/obras que me tocaron de Buenos Aires, exposición que ocupa las salas de Fundación Proa hasta el 27 de octubre y que visité este fin de semana.

De la primera no tengo registro ni explicación, porque es un montaje de escenas fílmicas en las que puede verse a Buenos Aires marginal, comercial, paleofuturística, elegante, rota y vanidosa. Sin mucho mensaje pero con una onda expansiva que hace a los recuerdos y al imaginario de la ciudad más elásticos.

La segunda fue una pareja de fotografías de Annemarie Heinrich, fotógrafa alemana de nacimiento y argentina por adopción que sólo por esta foto de Pinky me da vergüenza decir que no conocía hasta hace unos días.

El dúo de fotos la muestran (asumo yo que es ella) caminando entre los autos en la Avenida 9 de Julio con una vestimenta festiva y un gesto decididamente optimista. El setting puede ser una performance, pero la actitud es tan transparente y auténtica que sólo dice que a esta ciudad se la vive como uno quiere.

Sin título, foto de Annemarie Heinrich con el obelisco de Buenos Aires. Foto

Obra ©Galería Vasary. Foto de la foto x BA Inspiration.

Hacia el final de la exposición, la tercera área es una joya de archivo: fantasías que en ese momento parecían alocadas sobre cómo Buenos Aires sería cien años adelante, en 2010. Pasaron tres años de aquella fecha y “El gran problema del tráfico” sigue estando tan vigente como en 1910. Mi favorita es la de los toboganes-veredas de terraza a terraza, que te podrían llevar de la Plaza de mayo a Flores “en dos minutos y algunos segundos”.

Más que de hombres soñando con ciencia ficción, creo que estas imágenes hablan de los delirios de grandeza que siempre tuvo esta ciudad.

Como bonus track, algunas postales de algún punto entre las décadas de 1930, 1940 y 1950.

En un momento en el que el marketing turístico convierte a cualquier ciudad en un producto vendido con una canción de Palito Ortega y tres clips del obelisco y el Teatro Colón, y en una ciudad tan retratada y relatada, encontrar formas nuevas de ver a Buenos Aires es un privilegio.

La foto de abajo es otra de Heinrich. Importa poco si fue tomada acá. Ya viene el verano.

Links
Buenos Aires en Fundación Proa