Obra 100 metros del colectivo Viva Laura Pérez. Foto

‘100 metros’ (2003) del colectivo tucumano Viva Laura Pérez (Argentina). ©BA Inspiration

La exposición Acción Urgente (en Fundación Proa hasta el 24 de agosto) parece generar reacciones viscerales: como si el traer el inconformismo activista espontáneo a las salas de un museo fuera de por sí una proposición imposible.

Desde Proa, la presentación de la muestra es un poco edulcorada: “Fuera del museo, pero respetando las reglas de convivencia, los artistas toman los lenguajes de los medios masivos de comunicación y la publicidad. Re-territorializan los espacios y los conceptos empleando estrategias que articulan los lenguajes del arte. La acción es afirmación de la ciudadanía individual y apela a la participación del público rescatando elementos de la cultura popular y masiva”.

Un dulzor que a Rosa Lugano de Lobo Suelto le molestó bastante: “¿Fuera del museo pero? ¿Respetando las reglas de convivencia? Dos opciones: o la práctica callejera es despolitizada y estetizada al punto de sacarle su potencia propia o nunca se vio a muchos de estos colectivos en acción”.

Yo me quedo más con las palabras de María Daniela Yaccar, que concilió en Página 12: “[…] el pasado no se puede atrapar, la calle no puede traspasar paredes, y hay algo del espíritu de lo que estos grupos hacen que queda fuera de la Fundación Proa. Pero no podría ser de otro modo. La desazón, las preguntas y la esperanza aparecen igual”.

Me gusta particularmente el orden de las últimas palabras. Dijo el siempre lúcido Damián Szifrón, en una entrevista en la revista Brando: “Esta es una época de muchísima represión. Vivimos en una sociedad que no necesariamente elegimos y damos por natural un montón de cosas que están impuestas. La sociedad es una especie de jaula, que nosotros no vemos, pero a veces tenemos el techo un poco bajo y estamos incómodos”. Creo que más que ‘Acciones urgentes’ las que se exponen en Proa son Acciones incómodas, intentos por flexibilizar esa jaula social, levantarle un poco el techo. Y eso es esperanzador.

Aquí, una selección caprichosa de los tres casos que más me interesaron.

Iconoclasistas: Inclusión gráfica

Convocado por un equipo de la Universidad de San Martín, el dúo que conforma Iconoclasistas (la comunicadora Julia Risler y el artista gráfico Pablo Ares) trabajó en una serie de talleres y encuentros con vecinos de varios barrios que rodean el relleno sanitario “Norte III ‘La montaña'” en José León Suárez (partido de San Martín) para conocer y mapear los circuitos y los conflictos del cirujeo en la región.

Su proyecto trabaja con el mapeo y la comunicación gráfica de cuestiones sociales desde 2006. En su Manual de mapeo colectivo explican: “El mapa es una tecnología (además de una moda) que permite que se despliegue o que aparezca a la vista (y a muchos otros sentidos) algo que no está por separado en las percepciones de cada quien; sin embargo, el mapa se construye a través de ellas, de cada una de esas percepciones. […] La actividad de mapear es una actividad que construye sentido, en el triple sentido de la palabra: tiene su marca en la sensibilidad, orienta y habilita la comprensión”.

Una comprensión que de ninguna forma es empatía o cercanía, pero que hace difícil la indiferencia.

Contrafilé: Por el libre fluir

A través de ‘asambleas públicas de miradas’ en barrios de la zona este de Sao Paulo, el grupo brasileño Contrafilé dio con la figura del molinete como símbolo de control. Algunas palabras asociadas al uso de molinetes que identificaron: obstrucción, sentido único/pasaje sólo de ida, interrupción del flujo. Instalando uno en un pedestal vacío en un parque (bajo el nombre ‘Monumento al molinete invisible’) dieron inicio al programa simbólico de “descatralización de la vida” (algo así como ‘desmolinetización de la vida’).

Se lee en una serie de pósters en la Sala 1 de la exposición de Proa: “El molinete moderno fue creado en el inicio del siglo XX como una posibilidad de control de acceso a parques de atracciones y sistemas de tránsito. Aproximadamente 80 años más tarde, el molinete se volvió un componente indispensable para la seguridad; fueron especialmente las empresas las que actualizaron esta invención para adaptarse al mundo post 11 de septiembre”.

OPAVIVARÁ!: Intenciones colectivas

OPAVIVARÁ! es un colectivo de arte nacido en 2005 en Río de Janeiro que busca invertir los modos de ocupación del espacio urbano a través de dispositivos que proponen experiencias colectivas.

Su Espreguiçadeira Multi (Reposera multi) es un mobiliario para la primacía de la colectividad por sobre el individualismo: una propuesta de estar plural, una proximidad para el relajamiento, la contemplación o el bronceado. Su proyecto Transporte Colectivo consistió en la modificación de 30 triciclos para formar tres conjuntos de diez que sirvieran como una alternativa de transporte público, activo y colectivo.

Abajo, más fotos de las otras instalaciones de la muestra, que continúa hasta el 24 de agosto en Fundación Proa.

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