Al trabajar desde casa con la cara fija en una pantalla por la mayor parte del día, suelo sentir que la principal (y a veces única) nave maestra es internet. A pesar de que entiendo que la realidad que me llega es la que habla el lenguaje de la web y cumple ciertos parámetros de formato que permiten su difusión contagiosa.

Hay una gran división en el mundo de los contenidos entre los que piensan que los artículos manufacturados para el compartir en la web son basura, y aquellos que consideran que los materiales más complejos deben actualizarse para hablar en léxico internet. Una discusión que no leo tanto (porque internet está escriba por los que trabajan en ella, y por lo tanto es ultra autorreferencial) es qué pasa en los lugares donde no está la web. Por imposición, por decisión, por la razón que sea.

Hace tiempo que venía observando a pequeños medios impresos barriales con decenas de años de historia, llenos de avisos de productos y servicios barriales, un mundo que me parecía fascinante pero con el que no lograba conectar por una cuestión generacional. Hasta que me encontré con Amo Villa Crespo (gracias Malena!): el cruce perfecto entre un formato tradicional y un lenguaje visual y escrito actual.

La publicación es obra de Agustina Stegmayer, quien -entre otras cosas- trabajó como jefa de redacción de Wipe hasta mayo de este año y creó el ciclo En la terraza; y Marinha Villalobos, actriz y estudiante de Artes combinadas que trabajó en el área de Comunicación del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y se dedica a la gestión cultural.

Según cuentan, fue tomando forma desde 2011, primero con un blog en donde iban plasmando ideas pero siempre con un horizonte marcado. “Siempre tuvimos la intención de hacerlo en papel, llegar y estar propiamente en el barrio, accesible para todos los vecinos. Facebook es una herramienta de difusión, pero no tiene un formato que permita expresar contenidos con un diseño y una estructura personal, con identidad propia. Eso es lo que buscamos con Amo Villa Crespo, la presentación del contenido está pensada y parte de una decisión y un criterio muy personales”, explica Stegmayer.

“Hacerlo como diario barrial y en papel sigue el concepto de conservación de lo barrial, de lo histórico. El papel le da permanencia en el tiempo, es una forma más concreta de cómo vemos esa realidad barrial y nuestro criterio personal. Generamos contenidos para que en un click vean un video de una nota escrita, pero Facebook pasa en un segundo. De hecho, lo que publicamos ahí tiene que ver con la difusión de actividades, eventos que los vecinos quieren difundir. Nuestra mirada personal está en el papel, que uno puede leer en su casa, hojear y que queda en la biblioteca o en el revistero para volver a consultar, permaneciendo en las casas como objeto”, agrega Villalobos.

Suelo ser defensora de la desmaterialización, pero hay algo del registro de la historia que se pierde en apostar a la virtualidad al cien por ciento. Hace unos años participaba de una charla con bloggers en la que mencioné que trato de ser muy consciente de lo que pongo en el mundo. Quizás esa es la vara, y Amo Villa Crespo destila intención.

Las editoras cuentan que de los vecinos reciben una respuesta excelente, algo que les dice que había un espacio vacante que llenar, como si hubieran estado esperando la llegada del periódico. En los próximos meses, esperan aumentar la tirada y comenzarán un programa en Radio Colmena, la radio del CC Matienzo.

Lo obvio: ¿cuáles son sus espacios favoritos de Villa Crespo? “Las heladerías Cerdeña y La Flor de Almagro (que, a pesar de su nombre, está en Villa Crespo), la pizzería El Padrino, los bicicleteros Vellutato y Polanski, la panadería La Princesa. Clásicos como Malvón, 878, Hasta la Masa, La Crespo, Sarkis, el pastrón de Don Elías y San Bernardo para ir a jugar al ping pong. Los graffitis del barrio, la plaza Benito Nazar y el Parque Centenario”.

Abajo, una hojeada virtual a las tres ediciones de Amo Villa Crespo. En papel se ven distinto ;)

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